CHUPAMINGAS INDIGNADOS

Joan C. Sunyol

El Real Madrid tiene mal perder: sobre todo cuando pierde el PSG. Han perdido un lugar en la Historia que siempre les tocaba: el de remontadores profesionales, los hijos del espíritu de Juanito, los del Bernabéu-olla-exprés… Se les acabó el monopolio. A menos que se dejen perder próximamente por 5-0 en algún estadio europeo con tal de pulverizar el récord de remontada en un partido de vuelta de los de noventa minuti es molto longo.

La rabia, la envidia cochina y el cinismo han hecho que los adalides del madridismo cavernático, los papanatas de las redes sociales, los periodistas a sueldo, los chupamingas de la florentinidad, hayan saltado de sus comodones sofás y tras varias noches sin dormir -revolviéndose entre las sábanas, con un sudor frío y apariciones en la duermevela de goles de Sergi Roberto, faltas tiradas por Neymar y el coraje de Suárez sacando penaltis de la dura cantera del área parisina- se han puesto tardíamente la máscara de Carnaval.

Lo han pasado mal, muy mal. Se han movilizado en redes, crean campañas en change.org, lloran por las esquinas, reivindican un fútbol limpio (¡ellos!). Salvapatrias. Vienen los lobos a cuidar los corderos. Los programas de TV, sin empacho, se han dedicado a difamar, porque saben que si se difama, algo queda, porque creen que repetir una verdad mil veces puede convertirlo en verdad. Son más trumpistas que Trump. Los chupamingas son muy conscientes de que el 8 de marzo de 2017 en el Camp Nou se hizo Historia, y por ello, era necesario movilizarse, mentir, mentir y mentir, con el fin de reinterpretar la Historia.

En la memoria de los chupamingas quedará siempre el resquemor de que se cumplió la peor pesadilla y quieren transformarla en un satánico sueño, con culpabilidad del árbitro, deshonor y sin gloria. Les dolerá por siempre aquel día en que, faltando cinco minutos el FCB estaba eliminado y entonces ellos eran felices. Los pedreroles daban por eliminado al Barsa y sucedió el milagro de la fe, la constancia, la luz del fútbol y al justicia. Sí, pongámonos sentenciosos. Porque ante la mentira y la podredumbre, solo queda ponerse jocosamente sentencioso y tomarse esto tan en serio como se lo toman los chupamingas.

Su virulencia no tuvo parangón en París ni en los medios de comunicación franceses. Su agresividad y mala baba ha embadurnado todos los platós de España -de TVE a Atresmedia pasando por Mediaset y otros canales menores-. Se han retratado como lo que son: periodistas rencorosos, aficionados fanáticos, militantes del anticatalanismo…  y luego vendrán a contarnos la milonga de que el fútbol nada tiene que ver con la política: nadie lo diría cuando un chupaminga habla, dice, se pone esposas, se retuerce en el suelo, vomita como la niña del exorcista, saca el insulto a destiempo, y todo todo lo relaciona con el FCB, con su satán del fútbol. Que se jodan.

Pocos días después, los chupamingas se la envainaban: Mateu Lahoz volvía a hacer de rey mago (y van…) para desmentirles su indignación, su honorabilidad y darles en bandeja una victoria inmerecida ante el Betis Balompié. Para mayor gloria dominical, un Barcelona ahíto de celebración, quizá aún en estado de shock, caía en Riazor. Domingo completo, domingo Comansi. Y entonces, vuelven los chupamingas a torcer el morro, a callar la boca, a mirarse en el espejo por ser bendecidos por “errores” arbitrales. Algún cachondo barcelonista ha iniciado una contracampaña en change.org, pidiendo a la Real Federación (por ahí empieza el cachondeo, pues este es asunto de la Liga) que se repita el partido contra el Betis.

Ahora duermen los chupamingas una semana. Están algo más tranquilos. La vaselina arbitral les ha calmado el dolor rectal. Pero nos veremos las caras pronto, chupamingas. No en los medios de comunicación, donde siempre vencerán, en este país centralista, madridizado, del vivan las cadenas. Nos veremos en el Santiago Bernabéu. Y quizá entonces Neymar y Messi les pinten la cara y les pongan la sonrisa de payaso triste en la cara.

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Remontar: siempre Lucho

Ladislao Hernández

El FCB depende de sí mismo para ganar la Liga. Va a estar complicado: el Madrid ha atravesado este curso momentos de verdadera lucidez, y cuando se le han apagado los faros, siempre había un árbitro buen samaritano para echar una manita y empujar al carro cuesta arriba. Penalti va, penalti viene.

Pero ha llegado el momento: vencer en el Bernabéu en la jornada 33 y hacer lo mismo que el RM de aquí a final de Liga, daría la tercera consecutiva a Lucho y un excepcional sello para decir adiós.

El PSG dio un baño al Barça que recordó al que le dio el Bayern en aquella cuesta abajo que fue el año en que Tito recayó de su cáncer. Aquel año se ganó una Liga con 100 puntos, pero el tropiezo en semis en Champions y Copa anunció lo que iba a ser el año oscuro del Tata. No hay que hacer paralelismos. Nada hay comparable a la desgracia de Tito, que tanto dolió al barcelonismo y que nos dejó sin un ciclo que pudo ser brillante: el que iba del guardiolismo al vilanovismo, del Pep al Tito. Pero aquí también suena a ciclo tronchado.

Lucho se ha cansado. La prensa le vapulea, Madrid ladra. Posiblemente los 4 goles de París escuezan. Pero Lucho ha hecho más grande al Barcelona: 2 Ligas, 1 Champions, 2 Copas, 1 Supercopa de España y 1 de Europa, 1 Mundial de Clubes… 8 títulos de 10. Solo se escaparon una Supercopa de España, la que ganó el Athletic en 2015 y le birló al Barcelona y la Historia del fútbol el segundo Sextete, y la Champions de 2016, cuando faltó un gol, solo un gol, en aquellos cuartos de abril de 2016 frente al Atlético.

Es un orgullo que aquel chico que dejó el RM en 1996, al que Tassotti le partió los piños en el Mundial 94, el jugador que se cruzó en el umbral con Johann (uno saliendo, otro entrando), el que mantuvo el ADN de la rabia en un Barcelona holandizado con Van Gaal, aquel chico, ha hecho historia en el Club y será por siempre uno de los inolvidables, de los imprescindibles, de los que siempre recordaremos cuando los viejos les contemos la historia del FCB a los jóvenes.

Puestos a comparar, para medir el valor del ciclo de Lucho podemos deducir, recontando palmarés, que Pep también ganó 8 títulos en sus primeras dos temporadas. La tercera, en la que Guardiola ganó cinco, está todavía por ver. Sabemos, ya, que  pase lo que pase Luis Enrique no podrá sumar ninguna supercopa más, pero es tan brillante su sala de trofeos como la del último gran triunfador de los banquillos.

Otro detalle: el tanto por ciento de partidos ganados por Luis Enrique al frente del Barcelona (76%) solo lo superan Ralph Kirby y Richard Dombi  ¡en 1926! Hace 90 años…

Así que por eso, porque Lucho se va, porque alguien vendrá -y esperamos que sea para seguir innovando, pero respetando el espíritu Barça-, hay que remontar la próxima semana al PSG. Poner todo el esfuerzo y el coraje es más que necesario. Para decirle a un entrenador que ha mantenido al FCB en lo más alto que seguimos con él. Siempre Lucho. Remontar.

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