La piel del oso

Ladislao Hernández

La prensa amarillista, que en España tiene color blanco con bandas moradas, anuncia que el Barcelona está en horas bajas y que la famosa “messidependencia” abrirá una brecha en el equipo cuando mañana por la tarde empiece a rodar la pelota en el Camp Nou.  No sería la primera vez en que se las prometían felices y se llevaron un sopapo (así, de mano abierta) en la boca. Cuando Mourinho, ese frustrado antídoto de Guardiola, se presentó hace seis años y cuatro días en el Camp Nou llegaba con un punto de ventaja y mucha arrogancia. Se llevó un saco de cinco.  Aquel huracán de fútbol lo capitaneaba Xavi y tenía a Villa, Messi y Pedro como tridente. Hasta marcó Jeffren, el chico impaciente. Casillas sigue buscando la pelota de aquella noche en la oscuridad del muelle de Oporto.

Es cierto que este Barcelona no es el de las dos últimas ligas. Algo no llega a cuajar. Es curioso que mientras estuvo en vigor la prohibición de la UEFA para fichar, el equipo se compuso y rehízo de manera eficaz. Desde que se abrió la posibilidad de fichajes se puede percibir un aire errático en las líneas traseras. Esperemos que Umtiti haga buena la gestión de la dirección deportiva, pero Alba sigue sin llegar al cien por cien, Piqué renquea y saltan las alarmas, Mascherano envejece, Mathieu ya no es recambio y Sergi Roberto sigue siendo una reconversión. Digne es digno y Vidal un apestado. ¿Nadie se dio cuenta de que la línea flojeaba desde el inicio de Liga?

Arriba Ney sigue a lo suyo, Suárez saca los dientes y Messi espera volver por derecho. Alcácer y Arda parecen estar en otra plantilla. En el medio campo Busquets no encuentra satisfactoria compañía cuando no está Iniesta. La ausencia de Andrés es un aviso muy importante: el equipo sufre muchísimo cuando no está, y este próximo año cumplirá 33. Rakitic no parece el decisivo de las últimas temporadas ni encuentra su sitio en un centrocampismo donde Rafinha saca castañas del fuego, Denis no llega a romper y Gomes sigue en la luna de Valencia.

Todo puede ser cierto, que el Barcelona anda enfilando el enésimo fin de ciclo (que ya le anunciaron a Tito, que medio remató el Tata y que reflotó Lucho) y puede ser que Zidane lleve esa caja de truenos que es el Real Madrid por buen cauce, porque Cristiano parece tener la libido calmada y busca dar a la Florentinidad su segunda edad de oro tras dos Champions ganadas en el bigote del Atleti, como legado de madurez. Pero siempre huele a podrido en As-Marca y están animando el cotarro, deseosos de dar el golpe, sin prudencia. No aprenden. La piel del oso no se vende antes de cazarla. La piel del Barcelona es dura. Que se lo digan a Mou.

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